Minina de Cheshire

"-¿Podría decirme, por favor, por dónde puedo irme de aquí? -Todo depende del sitio adonde quieras ir -contestó el Gato -El sitio me importa poco... -dijo Alicia . -En ese caso, poco importa el camino que tomes... -contestó el Gato.

Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carroll

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martes, enero 18, 2005

Con el teléfono y la TV, más que el mensaje se envía el propio remitente. Marshall McLuhan

La cita viene es evidente al hilo de la conversación de nuestra última sesión presencial. En ella hablábamos del miedo a sentirse expuestos. Escribir un blog es como desnudarse, aunque sea por una buena causa en este caso la de explicitar nuestro propio proceso de aprendizaje, nadie duda que el esfuerzo merece la pena, pero... todos nos azoramos. Somos nosotros mismos los que nos exponemos. Nos exponemos más cuanto más tratamos de evitar exponernos.
En el post anterior hablaba de conclusiones, ahí va la primera:
  • Cuando uno trata de explicitar su proceso de aprendizaje ante los demás es dolorosamente consciente de que el aprendizaje es una herida cicatrizada, que aprender supone estar dispuesto a sufrir una transformación que conlleva dolor. Dicho así pudiera parecer algo negativo o desagradable. Yo no lo creo. Durante la primera sesión de chat se habló de lo caótico que resultaba y de que, sin embargo, en el fondo había un orden. Se habló del orden y el caos como dos caras de una misma moneda. Se trata, en mi opinión, del dolor del parto. Cuando aprendemos de verdad, cuando aprendemos significativamente, cambiamos nuestra percepción, nuestros anteojos y parimos un nuevo mundo porque vivimos en el mundo que percibimos y no podemos vivir en una entelequia. Aprender supone pues sufrir, aunque sea un dulce sufrimiento que aceptemos de buen grado. Decía Aristóteles que "las raíces de la educación son amargas aunque sus frutos son dulces". Nuestros primeros aprendizajes cuando apenas contamos con días o incluso horas, se rigen por el binomio placer-dolor no hay el primero sin el segundo y de momento, al menos como especie, no nos ha ido tan mal. Creo, por lo tanto, que nos da miedo hablar del miedo que sentimos, porque el miedo se alimenta del miedo. ¿Miedo a qué, entonces? Miedo a sufrir, a hacer el ridículo otra forma de sufrir al fin y al cabo miedo a tener miedo, miedo a descubrirnos. Los seres humanos podemos hacer frente a las adversidades más terribles, pero ¿podemos hacer frente a aquello que llevamos dentro?
Como es obvio por cada certeza o atisbo de certeza a la que llego, llego también a un piélago de dudas. No es malo dudar. El que duda, aprende.

1 Comments:

Blogger Balcius said...

Una vez más, coincido contigo y discrepo de McLuhan (odio el teléfono porque no puedo pasar por él, ese obsceno teatro de chispas, la oscuridad hecha palabras entrecortadas porque hay poca cobertura)

Mucha gente escribe por aquí. Mucha gente exhibe lo que quieren que los demás piensen que piensa. Pocos hablan de sus dudas, sus vacilaciones, que tal vez describan más su dolor de existir, que son ellos mismos. No es tan común exponerse. Por eso mismo, a partir de un cierto momento, muchos deciden no aprender más, no asimilar más, solo recubrirse con una pátina de conocimiento sin verdadera interiorización. De ahí nace la tensión entre lo que somos y lo que vivimos, y la imposibilidad de enseñar.

Efectivamente, aprender es traumático. Pero la enseñanza no se realiza con bisturí, por desgracia, sino con martillo. Se moldea a la persona a golpes, y si no se dan bien, o el material de que está hecho responde de forma inadecuada, crash. Siempre soportamos las tensiones residuales del proceso de aprendizaje. De ahí surgen las neurosis.

Ojalá seas capaz de transmitir toda tu inmensa y fantástica capacidad de dudar, de saber que sabes menos cuando sabes más, y que aquellos a quienes enseñas no dejen jamás de hacerse preguntas, incluso cuando sean tan grandes que no quepan en el auricular de un teléfono.

12:55 a. m.  

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